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El pozo ciego de los feminicidios en Cuba

El azar hizo que Marta y Lorena celebraran juntas sus cumplea√Īos, alg√ļn d√≠a de septiembre; la violencia contra las mujeres, que hayan muerto tambi√©n un mismo d√≠a, asesinadas por la misma persona.

Marta tuvo a su hija Lorena un d√≠a de su cumplea√Īos. El pasado 17 de julio, su pareja las mat√≥ usando un cuchillo grande, cuya hoja hab√≠a sido antes la de un machete.

El cuchillo siempre se quedaba en la casa. Reinaldo lo hab√≠a mandado a hacer y lo ten√≠a para herrar animales. Pero ese d√≠a lo llev√≥ con √©l, para ellas. Ten√≠a una relaci√≥n intermitente con Marta desde hac√≠a alg√ļn tiempo, y hab√≠an comenzado a vivir juntos en la casa de √©l y sus abuelos solo seis d√≠as antes.

Marta lleg√≥ con Lorena un martes a aquel asentamiento rural de Baracoa, municipio al Oriente de Cuba donde residen 79 797 personas.  ‚ÄúNosotros decimos que vino en busca de la muerte‚ÄĚ, comenta el abuelo de Reinaldo. El lunes siguiente a su llegada, a las siete y pico de la ma√Īana, ellas salieron de la casa.

Un vecino las vio tomar el camino con Reinaldo. ‚ÄúLo salud√© (‚Ķ) Yo no lo vi molesto ¬°Qu√© √≠bamos a esperar que ese muchacho la iba a matar! ¬°Y a la ni√Īa!‚ÄĚ.

Supuestamente, Reinaldo las acompa√Īar√≠a hasta la carretera. √Čl llevaba a la ni√Īa en brazos. Marta ir√≠a a la ciudad con Lorena, seg√ļn el abuelo, a hacer unas compras. Otras personas comentan que quiz√°s ella iba a trabajar, sin que √©l lo supiera. Reinaldo no quer√≠a que Marta trabajara. El abuelo asegura que su nieto le hab√≠a dicho que necesitaba una mujer para que estuviera en la casa y lo atendiera, que solo pod√≠a salir para turnos m√©dicos; y que ella acept√≥ la condici√≥n.  

No llegaron a la carretera. Antes, √©l las sac√≥ del camino. ‚ÄúEso fue una cosa incre√≠ble. No s√© qu√© se le meti√≥ a ese hombre‚ÄĚ, dice una y otra vez un vecino del pueblo.

A unos pocos metros de este lugar, Marta y Lorena fueron asesinadas. Foto: Claudia Ortiz.

En aquel asentamiento, a donde se llega caminando unos seis kil√≥metros desde el punto en que se desv√≠a la carretera, varias personas creen que a Reinaldo se le meti√≥ el diablo en el cuerpo. El diablo u otra cosa. Para su prima, ‚Äúseguro fue algo que se le meti√≥ adentro‚Ķ como dicen‚ÄĚ.

Reinaldo se entregó a la Policía. Lo mismo han hecho otros: en Baracoa la memoria de feminicidios es gruesa. Quizás se entregan porque creen que estarán más seguros presos que en la calle. A un asesinato es probable que le siga un ajuste de cuentas y Reinaldo lo sabía.

El jefe de sector inform√≥ al abuelo del agresor su declaraci√≥n: ‚ÄúDice que la mat√≥ para que no chantajeara a ning√ļn hombre m√°s‚ÄĚ. Un vecino maneja una hip√≥tesis convergente: ‚ÄúParece que √©l oy√≥ algo de que ella iba a trabajar y (‚Ķ) lo not√≥ como un chantaje‚ÄĚ. Otro asegura que √©l hab√≠a robado un carnero y ella quer√≠a que lo devolviera. Le dijo que se iba si no lo hac√≠a.

En cualquier caso, el asesinato de Marta y Lorena fue un feminicidio. Lo que llev√≥ a una mujer y su hija al fondo de un pozo ciego no habla solo de Marta, de Lorena y de Reinaldo, sino de las sociedades que tenemos. Habla de la obligaci√≥n hacia las que a√ļn est√°n vivas, de pensar el problema en profundidad, de impedir que la conmoci√≥n sea un espasmo y luego‚Ķ calma y olvido. 

Después de asesinarlas, Reinaldo lanzó a Marta y Lorena a este pozo ciego. Allí fueron encontradas. Foto: Claudia Ortiz.

Ella

Marta qued√≥ hu√©rfana de madre cuando peque√Īa. Ten√≠a una hermana, poco menor que ella. La termin√≥ de criar una de sus t√≠as, con quien volvi√≥ a vivir despu√©s de separarse del padre de su hija y hasta que se fue a la casa de Reinaldo. No ten√≠a casa propia.

Hab√≠a estudiado dos t√©cnico medio: uno en Contabilidad y Finanzas y otro en Servicios Gastron√≥micos. El abuelo de Reinaldo recuerda bien que ella le hab√≠a dicho que ganaba 380 pesos, pero expresa duda sobre si trabajaba: ‚ÄúNo s√© si era verdad o mentira‚ÄĚ. Pero s√≠, Marta ten√≠a un trabajo remunerado. Cuando la mataron, ocupaba un puesto de econ√≥mica en una oficina de Comercio y Gastronom√≠a.

Quienes la conocían aseguran que era una muchacha con buenas relaciones en el barrio, en su trabajo, y también con los abuelos paternos de su hija.

Los d√≠as que estuvo en el lugar de donde no sali√≥ viva, conversaba con otras mujeres del caser√≠o. Dicen que a la ni√Īa all√≠ la quer√≠a todo el mundo y que, aunque era peque√Īita, jugaba con otras.

A Marta le gustaba ir a la playa por las tardes, con sus amigas y Lorena; tambi√©n vestir bien, dice la t√≠a. Entre ellas dos hab√≠a desacuerdos. Su t√≠a es una mujer mayor, religiosa. En sus palabras, intentaba ‚Äúguiarla‚ÄĚ y ‚Äúdecirle las cosas‚ÄĚ, lo cual Marta m√°s bien rechazaba. ‚ÄúT√ļ sabes c√≥mo es la juventud‚ÄĚ, lamenta la t√≠a.

La noche en que Marta y Lorena se fueron, su familia no supo que lo har√≠an ni a d√≥nde iban. No conoc√≠an la existencia de Reinaldo. La t√≠a hab√≠a salido y, cuando lleg√≥, Marta estaba en el portal de la casa con su hija y dos personas desconocidas, un hombre y una mujer. Salud√≥ y sigui√≥ de largo a la cocina. Marta entr√≥ a su cuarto y se demor√≥ all√≠. ‚ÄúQuiz√°s es que no se decid√≠a‚Ķ como que lo estuviera pensando‚ÄĚ, reflexiona ahora la t√≠a.

Marta recogió unas cosas y se fue sin decir nada. La tía no vio con qué salía. Pensó que se había ido a la playa, como era habitual. Pero cuando se dio cuenta de que no estaban el ventilador y una sobrecama bonita que ella tenía, supuso que se quedarían en la casa de alguna amiga.

La familia no supo dónde estaban Marta y Lorena hasta que eran cadáveres. Marta le dijo a su hermana que se iría a Maisí. Al menos dos amigas sí sabían la verdad. Una de ellas fue a visitarlas a casa de Reinaldo, aseguran varias fuentes.

La noche del domingo, horas antes de que las mataran, Marta habr√≠a podido pedir ayuda. No lo sabemos de cierto. Llam√≥ al padre de la hija, pero √©l refiere que no escuch√≥ la llamada y no se la devolvi√≥. Pens√≥ que era algo sin importancia. Hab√≠an hablado el jueves anterior porque √©l quer√≠a quedarse con la ni√Īa el fin de semana. Ella le asegur√≥ que estar√≠an en Mais√≠.

Despu√©s, Marta marc√≥ otro n√ļmero, el de su hermana. Hablaron. La hermana la sinti√≥ nerviosa y por eso la volvi√≥ a llamar, aunque Marta le asegur√≥ que estaba bien, en Mais√≠. La hermana no qued√≥ convencida y pidi√≥ a otra t√≠a que la llamara nuevamente. Ya en ese momento no respondi√≥ al celular Marta, sino Reinaldo: ‚ÄúElla no est√°, anda por Mais√≠‚ÄĚ.

Que alguien desconocido contestara y, desde el tel√©fono reci√©n utilizado, dijera que ella no estaba en el lugar, es un hueco negro entre lo que pas√≥ la noche del domingo y las primeras horas de la ma√Īana del lunes.

En la familia de Reinaldo s√≠ sab√≠an de Marta, que ella lo visitaba en la c√°rcel las veces que √©l estuvo preso. Sab√≠an que iban y ven√≠an en su relaci√≥n. Ni sus familiares ni las personas del barrio consideran que entre ellos hubiese indicio de violencias. Que √©l no le permitiera trabajar ni ‚Äúla dejara‚ÄĚ salir de la casa no lo es, seg√ļn sus c√≥digos.

Las prohibiciones de salir de la casa, visitar a familiares, estudiar o trabajar son frecuentes en la violencia contra las mujeres dentro de la pareja. Así los agresores destejen las redes que ellas tienen o pueden llegar a tener. Así se aseguran de que pierdan autonomía económica y cristalice su dependencia material, psicológica y social.

En el pa√≠s, solo el 3,7 % de las mujeres que han vivido violencia en sus relaciones de pareja han acudido en busca de ayuda a alguna instituci√≥n o servicio; entre ellas: Polic√≠a, Fiscal√≠a, Casas de Orientaci√≥n a la Mujer y la Familia de la Federaci√≥n de Mujeres Cubanas (FMC), Programa de Trabajadores Sociales, servicios de salud e instituciones religiosas. Se desconoce cu√°ntas han ido espec√≠ficamente a la Polic√≠a, pero el porcentaje es a√ļn menor que el mencionado. En general, hay un subregistro de los casos de violencia hacia las mujeres.

Entre las razones por las que no buscan ayuda est√° la baja percepci√≥n de los actos y procesos de violencia, que solo se identifican como tales cuando escalan en gravedad o dejan marcas f√≠sicas. En Baracoa, las especialistas que atienden casos de violencia contra las mujeres en la Casa de Orientaci√≥n a la Mujer y la Familia reconocen que muchas de ellas llegan a esa instituci√≥n por la v√≠a de organizaciones de base en sus comunidades (FMC, CDR y otras), sin pensar que son v√≠ctimas y, m√°s bien, asegurando que son culpables. ‚Äú√Čl me dio, pero yo me lo busqu√©‚ÄĚ y ‚Äúyo soy la culpable de que √©l me maltrate‚ÄĚ son algunas de las frases que la psic√≥loga baracoense Gitsie Garrido Dom√≠nguez declara a Radio Baracoa haber escuchado a menudo.

Adem√°s, las mujeres no buscan ayuda en la Polic√≠a debido a la inoperatividad y falta de capacitaci√≥n de  operadores de justicia y personal de las instituciones policiales. La especialista de la Casa de Orientaci√≥n llam√≥ la atenci√≥n sobre ello en la radio local. ‚ÄúYo les he preguntado a varias por qu√© no lo hacen y algunas refieren que cuando llegan a la Polic√≠a muchas veces no son escuchadas. Se sienten ignoradas, poco o defectuosamente atendidas. Les toman los datos, en la mayor√≠a de los casos le imponen una multa al agresor y lo mandan para la casa‚ÄĚ.

Una investigaci√≥n de 20191 sobre la violencia contra las mujeres en Baracoa verific√≥ que en el periodo 2015-2018 hubo 22 quejas sobre la actuaci√≥n de la Polic√≠a Nacional Revolucionaria (PNR) en estos casos y 21 inconformidades con el proceso penal seguido contra el agresor, su sentencia o ejecuci√≥n.

La consecuencia de esas barreras institucionales es que muchas mujeres ‚Äúse quedan recibiendo golpes toda la vida, o hasta que el destino les depare una suerte peor‚ÄĚ, concluye la especialista de la Casa de Orientaci√≥n. Esa √ļltima frase tiene la fuerza que la realidad otorga. Hay ejemplos. A Lourdes su pareja la asesin√≥ bajo el puente del r√≠o Miel, tambi√©n en Baracoa. Lo hab√≠a denunciado por intento de homicidio. √Čl la amenaz√≥. Ella hab√≠a dicho que no lo soltaran, que la iba a matar. Lo soltaron para esperar el juicio y la mat√≥.

La investigaci√≥n mencionada evidenci√≥ que en los registros de la Polic√≠a de Baracoa, el 68 % de las denuncias de delitos de violencia contra las mujeres recibidas en 2018 fueron amenazas. Para otros a√Īos, los datos son similares. Despu√©s de denunciar, si el agresor regresa al hogar sin que medie alguna medida de protecci√≥n, es frecuente que tome represalias, pues se siente desafiado o en peligro. Ir a las instituciones policiales a presentar la denuncia, entonces, puede agravar el problema.

Una fuente cercana al tema, que prefiri√≥ el anonimato, coment√≥ que, despu√©s de lo sucedido bajo el puente del r√≠o Miel, las amenazas de muerte se procesan con pulso m√°s firme en el municipio. ‚ÄúAhora por amenazar los dejan presos hasta que se aclare la cosa‚ÄĚ. Sin embargo, la seguridad de las mujeres no est√° garantizada: las leyes existentes, su aplicaci√≥n y la preparaci√≥n de quienes operan la justicia contin√ļan dejando brechas. Los agresores lo saben.

√Čl

Reinaldo trabaja en una cooperativa agr√≠cola de la zona. Tiene una finca muy bien atendida, de cacao, coco y viandas. Para su vecino, la mantiene ‚Äúcomo un espejo‚ÄĚ. Ese mismo vecino lo considera ‚Äútrabajador, luchador y carism√°tico con todo el mundo‚ÄĚ, ‚Äúun muchacho normal‚ÄĚ.

Sin embargo, su abuelo asegura que ‚Äúsiempre tuvo problemas‚ÄĚ y por eso no pas√≥ el servicio militar obligatorio. Su prima lo confirma: ‚Äú√Čl no pas√≥ el Ej√©rcito porque est√° sin mente. Los abuelos no quisieron‚ÄĚ. Ella lo describe como ‚Äúalocado‚ÄĚ. Recuerda que una vez ‚Äúse dio unos tragos y empez√≥ a chapear en una loma de noche‚ÄĚ, pero aclara: ‚Äú√Čl no tiene retraso mental, √©l se hace el loco‚ÄĚ.

El abuelo, la prima, el vecino‚Ķ saben que ten√≠a antecedentes penales por hurto y peligrosidad. ‚Äú√Čl s√≠ roba bastante, ¬Ņo√≠ste? ‚Äďreconoce la prima‚Äď. Robaba pollos, puercos, carneros, todo eso para venderlo‚ÄĚ. No obstante, insisten en que no era violento. Creen que asesin√≥ a Marta y a Lorena en un acto incomprensible, causado por un ente sobrenatural, como el mismo Reinaldo le declar√≥ a la Polic√≠a. El vecino recuerda que eso del diablo el joven de 30 a√Īos lo repet√≠a algunas veces. ‚Äú√Čl era jodedor. Dec√≠a cosas‚Ķ t√ļ sabes‚Ķ ‚Äėyo soy el diablo‚Äô. Jodiendo y ri√©ndose‚ÄĚ.

‚ÄúYo no s√© ni qu√© decirte‚ÄĚ, ‚Äúaqu√≠ nadie puede decir que vio una cosita as√≠‚ÄĚ, insiste el abuelo. Ninguna de las personas entrevistadas enlaza el asesinato de Marta y Lorena con otros actos violentos que Reinaldo haya cometido en el pasado o con una forma suya de concebir a las mujeres. El vecino nos dice que √©l era ‚Äúcogedor‚ÄĚ, aunque fuera pagando. La prima, que el dinero que hac√≠a lo destinaba a mujeres. Ambos, que su comportamiento con los abuelos era incorrecto, aunque no los golpeaba.

‚ÄúPara que no chantajeara a m√°s hombres‚ÄĚ, porque ella quer√≠a trabajar, porque ella lo iba a dejar, por celos, porque ella le llev√≥ la contraria‚Ķ Cualquiera que haya sido el m√≥vil del crimen, reafirmar√° un hecho: Reinaldo las asesin√≥ como forma √ļltima de controlar a Marta. Reinaldo las asesin√≥ porque para √©l, Marta era suya, era ‚Äúsu mujer‚ÄĚ.

El patr√≥n se repite. ‚ÄúLa mat√© porque era m√≠a‚ÄĚ se ha vuelto una l√≠nea habitual en las historias de mujeres asesinadas por sus parejas o exparejas en Am√©rica Latina. La hemos visto en ChileArgentinaUruguay‚Ķ

El feminicidio

Todas las muertes violentas de mujeres no son feminicidios. Una mujer puede fallecer en un accidente de tr√°nsito o en una ri√Īa tumultuaria y no ser un feminicidio. Lo es si en el acto se evidencia un desbalance de poder que existe porque a ella se la identifica como subordinada principalmente por ser mujer y no por otra raz√≥n; porque se considera que es alguien dependiente (psicol√≥gica o materialmente), alguien a quien se debe controlar, un objeto sexual, una propiedad o un chivo expiatorio, por su cercan√≠a con otra persona.

En los feminicidios tiende a haber uno o varios de estos indicios: antecedentes de v√≠nculos violentos entre el agresor y la v√≠ctima, violencia sexual precedente o posterior al asesinato, situaci√≥n de dependencia entre la v√≠ctima y el asesino (a raz√≥n de trata, tr√°fico, prostituci√≥n, etc.) e identificaci√≥n de la v√≠ctima como diana de castigo de otra persona. Muchas veces los agresores no ocultan su identidad, especialmente cuando lo hacen en lugares p√ļblicos: el crimen lo consideran un acto moral.

Los feminicidios están fundados en una cultura de violencia, discriminación, inferiorización y subordinación de las mujeres, que implica riesgos para ellas. No se trata de casos aislados, esporádicos o episódicos. Ellos verifican una necesidad de ejercer dominio y control sobre las mujeres. Son un problema instalado en la cultura, la psicología, los órdenes económicos y políticos de nuestras sociedades. Por eso, la discusión sobre los feminicidios implica la responsabilidad del Estado de prevenirlos y de impedir la impunidad de los agresores en todo el ciclo de la violencia. De lo contrario, también es responsable por omisión.

Si hay silencio y complicidad con la violencia dentro de las familias y/o en instituciones sociales, si hay un inadecuado tratamiento legal y procesal de los feminicidios o si se justifica a los agresores con argumentos tipo ‚Äúel hombre es violento por naturaleza‚ÄĚ o ‚Äúella lo provoc√≥ porque le fue infiel‚ÄĚ, la responsabilidad de la agresi√≥n termina recayendo injustamente sobre la v√≠ctima.

Reinaldo es un feminicida, aunque en Cuba no est√© tipificado el feminicidio. El caso ser√° investigado como asesinato y a √©l podr√≠an juzgarlo por ese delito. La resoluci√≥n penal de estos casos en el pa√≠s es mayor que en otros donde los asesinatos pueden quedar en la impunidad, pero ello no garantiza un enfrentamiento integral al problema. Ese camino necesariamente pasa por la prevenci√≥n y la reparaci√≥n a las familias de las v√≠ctimas. Y comienza en el reconocimiento legal de este delito espec√≠fico: los feminicidios no se producen por las mismas razones que otros asesinatos.

Si se considera que Reinaldo ten√≠a una relaci√≥n conyugal con Marta, podr√≠a aplicarse lo establecido en el C√≥digo Penal vigente desde 1987 y reformado en 1999: un marco sancionador de 15 a 20 a√Īos o pena de muerte (art√≠culo 316) para ‚Äúel que de prop√≥sito mate a un ascendiente o descendiente o a su c√≥nyuge, sea por matrimonio formalizado o no‚ÄĚ (art√≠culo 317). Marta ya engrosa las cifras de las muertes de mujeres ‚Äúpor agresiones‚ÄĚ, cuyo promedio anual de 2013 a 2019 es de 129 casos.2

En Baracoa, mucha gente pide para el asesino la pena de muerte, que no se aplica en el país desde 2003. Apuestan porque sanciones más duras persuadan de cometer el crimen. El argumento tiene un problema: se llega a los feminicidios porque antes se naturalizó o toleró la violencia hacia las mujeres; no van a disminuir solo aumentando las penas. Sin embargo, reconocerlos como un crimen específico permite trabajar más allá de lo procesal: en lo político, social y cultural, en la identificación y contención de una ruta de violencia que no es la misma que la que conduce a otro tipo de actos criminales.

Aunque los feminicidios no est√°n reconocidos en Cuba como delito, en 2019 se dio una tasa oficial con datos de 2016. El n√ļmero consideraba solo una parte de esos cr√≠menes: aquellos en que los agresores eran parejas o exparejas. En las legislaciones latinoamericanas que penalizan este delito (presentes en todos los pa√≠ses de la regi√≥n, menos Cuba y Hait√≠), se les llama ‚Äúfeminicidios √≠ntimos‚ÄĚ. En Cuba hubo aproximadamente 50 feminicidios √≠ntimos en 2016. Representaron el 41 % del total de muertes de mujeres por agresiones. Por tanto, el marco de las relaciones de pareja, aunque no constituye el √ļnico donde ocurren los feminicidios, resulta muy relevante. Lo mismo sucede en el resto del mundo y contrasta con lo que pasa con los hombres: muy escasamente son asesinados por sus parejas o exparejas o, en general, por mujeres. Hay m√°s hombres que mujeres asesinados en el mundo y en Cuba, pero esos cr√≠menes tienden a suceder a manos de otros hombres, en espacios p√ļblicos, sin mediaci√≥n de agresiones sexuales ni v√≠nculos afectivos previos.

El asesinato de Marta fue, en efecto, un feminicidio √≠ntimo y el de su hija uno por conexi√≥n, ya que la violencia no se dirig√≠a directamente hacia ella, pero qued√≥ atrapada en la acci√≥n. En 2020, al menos 13 feminicidios √≠ntimos o por conexi√≥n se han conocido en las redes sociales o la prensa independiente. El √ļltimo, el 5 de agosto, menos de siete d√≠as antes de que concluyera este reportaje. De seguro hay m√°s; no contamos con estad√≠sticas sistem√°ticas, transparentes y actualizadas sobre el problema, desagregadas por territorios de manera que se pueda observar si existen lugares con mayor prevalencia.

Especialistas locales consideran que, de saberse la tasa, Baracoa ser√≠a uno de los municipios donde existe m√°s violencia hacia las mujeres en el pa√≠s. En el registro de la Fiscal√≠a municipal consta que, entre 2015 y 2018, 360 personas presentaron denuncias por esa raz√≥n. El 45,71 % de los presuntos agresores fueron parejas o exparejas de las v√≠ctimas. Respecto a los feminicidios √≠ntimos, en 2016 ‚ÄĒa√Īo para el que existe la tasa nacional‚ÄĒ, no hubo ning√ļn caso en Baracoa. Pero en 2015 hubo seis, en 2017 uno, en 2018 tres y en 2020 hay al menos dos: Marta y Lorena.

La Casa de Orientaci√≥n a la Mujer y la Familia del municipio hace un trabajo sistem√°tico y ha sido reconocida por ello. Sin embargo, su alcance es limitado. De las 360 personas que denunciaron casos de violencia contra las mujeres entre 2015 y 2018, 194 fueron las propias mujeres. En ese mismo per√≠odo, la Casa de Orientaci√≥n a la Mujer y la Familia atendi√≥ solo 28 casos. Es necesaria una pol√≠tica integral, con alcance nacional y con operatividad local, que acompa√Īe esos esfuerzos y desarrolle o permita desarrollar otros. 

Ana Mar√≠a 

Ana Mar√≠a no iba a ser parte de esta historia. Llegamos a ella buscando informaci√≥n sobre lo que le hab√≠a sucedido a Marta. ‚ÄúImag√≠nate c√≥mo reaccionamos las mujeres en este pueblo (‚Ķ) matar mujeres en Baracoa se ha vuelto una moda‚ÄĚ, dijo en la primera conversaci√≥n. Y enseguida: ‚ÄúYo misma he sido v√≠ctima de golpes de mi esposo‚ÄĚ.

Lo que explica nuestro encuentro no es la casualidad. La violencia hacia las mujeres constituye un problema expandido e instalado en nuestras sociedades; tambi√©n en la cubana, donde el 39,6 % de las mujeres ha vivido violencia dentro de las relaciones de pareja en alg√ļn momento de su vida.  

La conmoción por Marta se volvió también temor por Ana María. Ella todavía está viva.

Entre Ana Mar√≠a y Marta hay diferencias. Ana Mar√≠a es un poco mayor, tiene tres hijos y una relaci√≥n oficializada con su pareja hace diez a√Īos.

A la vez, hay algo en com√ļn. Ana Mar√≠a es otra v√≠ctima de violencia. Las agresiones empezaron al a√Īo de iniciar su relaci√≥n con Jorge y fueron escalando. Nos dice que al principio no lo dej√≥ porque estaba enamorada. En su segundo embarazo, √©l empez√≥ a golpearla. ‚ÄúSe acostumbr√≥ a eso hasta el sol de hoy, es normal para m√≠‚ÄĚ.

Normalizar la violencia o hacerla costumbre puede convertirla en una condena perpetua. Puede, en efecto, no haber salida. Los malos momentos han sido muchos para Ana Mar√≠a, pero el peor fue en su tercer embarazo. ‚ÄúFue cuando m√°s me golpe√≥. Me puso negros los ojos de los golpes y me mand√≥ para el sal√≥n de parto, con dolores. Yo no ten√≠a tiempo de parir y el ginec√≥logo me logr√≥ controlar el embarazo para que la ni√Īa no naciera antes de tiempo‚ÄĚ.

Eso fue hace poco m√°s de un a√Īo. Jorge le dio la golpiza porque otro hombre le hab√≠a dicho cosas sobre ella. Escalaron los celos y sus consecuencias: se ha convertido ‚Äúen una bestia de mala forma‚ÄĚ. La Encuesta Nacional sobre Igualdad de G√©nero (ENIG) revel√≥ que los celos son la principal causa referida por los hombres cubanos como motivo de discusi√≥n con sus parejas.

Jorge no est√° ‚Äúloco‚ÄĚ como algunas personas dicen que est√° Reinaldo. Ella misma lo describe como una buena persona, trabajador, que ama a los ni√Īos y ‚Äúes muy luchador, en el sentido de que trata de que no les falte comida‚ÄĚ.

A Ana Mar√≠a Jorge s√≠ ‚Äúla deja‚ÄĚ trabajar. Trabaja, como lo hac√≠a Marta y como tambi√©n lo hace el 50,9 % de las mujeres baracoenses en edad laboral (proporci√≥n similar a la del promedio nacional). Pero solo puede salir de la casa para eso y nada m√°s. Jorge la amenaza y Ana Mar√≠a le ha dicho a su madre varias veces ‚Äú√©l me puede matar‚ÄĚ. Ella no puede tenerlo m√°s claro: ‚ÄúSe cree que yo soy de su propiedad y no me quiere perder‚ÄĚ. Nuevamente, se evidencia el robusto patr√≥n de la posesi√≥n.

Cuando ella le dice que se va a ir de la casa, Jorge ‚Äúse vuelve loco‚ÄĚ. ‚ÄúA veces no s√© qu√© es peor‚ÄĚ, nos cuenta y con eso resume el conjunto enorme de sus imposibilidades. Puede decirle que se va a ir, pero sabe que no es cierto. ‚ÄúTerminar√≠a con √©l, pero no lo he hecho porque no tengo casa a donde ir. Vivo en la de √©l. No tengo a d√≥nde ir‚ÄĚ. 

La imposibilidad de acceder a una vivienda propia es uno de los problemas de mayor importancia en la Cuba de hoy. A inicios del 2018, las fuentes oficiales consideraban un d√©ficit habitacional de 929 mil 695 viviendas (527 575 nuevas a construir y 402 120 a rehabilitar). 

La ENIG revela que, para la poblaci√≥n cubana, la escasez de vivienda est√° entre los problemas m√°s importantes que afectan tanto a hombres como a mujeres, junto a los bajos ingresos econ√≥micos, las dificultades para conseguir alimentos y los problemas de transporte. Para las mujeres es m√°s grave a√ļn: lo consideran su primer problema.

La mayor√≠a de ellas no puede acceder a viviendas propias con sus recursos. En 2019, el salario medio mensual en Guant√°namo era 778 pesos, el cuarto m√°s bajo del pa√≠s, seg√ļn la Oficina Nacional de Estad√≠sticas e Informaci√≥n. En Baracoa era de 640 pesos. En el sitio web de ventas Revolico, la casa m√°s barata a la venta en el municipio cuesta 5000 CUC: 195 veces el salario medio en Baracoa; 328 veces el salario de Marta; 454 veces el de Ana Mar√≠a. 

En el a√Īo 2018 inici√≥ en Cuba una Pol√≠tica de la Vivienda, con el objetivo de atender esa situaci√≥n. Las instituciones a cargo esperan que el a√Īo 2020 termine con 41 014 casas adicionales, entre las construidas por organismos estatales (unas 15 000), las subsidiadas por el Estado (12 000) y las construidas ‚Äúpor esfuerzo propio‚ÄĚ (unas 13 500). Estas √ļltimas, en sentido estricto, dependen enteramente de las personas y sus recursos, pero integran las cifras del plan. 

Uno de los grupos sociales beneficiarios del programa son las madres con al menos tres hijos o hijas a su cargo. En 2020 fueron entregadas 68 casas a mujeres en esa condici√≥n y, desde que empez√≥ el programa, a 620 de ellas. Ana Mar√≠a est√° al tanto de que el propio presidente ha hablado al respecto y que a ella deber√≠a consider√°rsele. ‚ÄúPero ni eso me han querido dar‚ÄĚ, refiere.

La Pol√≠tica pretende contribuir al aumento de las bajas tasas de natalidad en el pa√≠s. Ana Mar√≠a es una potencial beneficiaria, por tener dos ni√Īas y un ni√Īo peque√Īo, pero deber√≠a serlo por algo m√°s. El Programa podr√≠a considerar tambi√©n a las mujeres v√≠ctimas de violencia.

La escasez de viviendas estructura desde la ra√≠z los procesos de reproducci√≥n de la violencia hacia las mujeres, quienes adem√°s est√°n principalmente a cargo de hijos e hijas. Sin tener donde vivir, a d√≥nde llevarles, el ciclo puede ser perpetuo. Una pol√≠tica integral para atender el problema debe convocar soluciones tambi√©n en ese canal, que engarcen con acciones temporales en situaci√≥n de emergencia; entre ellas, los refugios para mujeres cuyas vidas est√©n en peligro. 

A ellas, a las Ana Mar√≠a, tal vez no se les puedan borrar las marcas de los a√Īos de violencia, pero se puede preservar su vida. ‚ÄúLas cosas pasan y r√°pido se olvidan‚ÄĚ, dijo ella en este di√°logo de varias semanas sobre mujeres violentadas y asesinadas. 

El azar hizo que Marta y Lorena celebraran juntas sus cumplea√Īos, alg√ļn d√≠a de septiembre; la violencia contra las mujeres, que hayan muerto tambi√©n un mismo d√≠a, asesinadas por la misma persona.

No puede haber calma ni olvido para las Marta, las Lourdes, las Lorena, las Ana María… ninguna.

***

Notas:

* Marta, Lorena, Ana María y Lourdes son seudónimos para proteger la identidad de las víctimas de violencia. Reinaldo y Jorge también, debido a las diferentes conexiones que podrían hacerse a partir de su nombre real.

1 Ricardo Riesco, Laura y Alba Cobas, Arelis. (2019). ‚ÄúLa violencia contra la mujer en el municipio de Baracoa. Retos y expectativas de cambio‚ÄĚ. Trabajo de Diploma en opci√≥n al t√≠tulo de Licenciadas en Derecho, Universidad de Guant√°namo.

2 Seg√ļn las correspondientes ediciones del Anuario Estad√≠stico de Salud, tomando el dato m√°s reciente para a√Īos que figuran en m√°s de una fuente, ya que observamos diferencias entre ellas.

Este artículo fue originalmente publicado en OnCuba News el 11 de agosto 2020. Encuentra acá la publicación original.